Un perro en la cuneta que aún conserva algún brillo en la retina, agoniza en plena soledad con la lengua reseca colgando a su derecha. Apenas rozando la mejilla un hilo de sangre se perfila entre las comisuras produciendo un ligero silbido , antesala de un posible estertor que también vaticina el flácido rabo que se recuesta entre las patas sobre un cerco de orina. Las pequeñas sacudidas repentinas, aventuran su creciente ansiedad, propia de la debilidad, el dolor y el miedo. Él lo mira inmisericorde. Podría matarlo, pero se expone a ser descubierto y que le cuelguen un nuevo sobrenombre : "Mataperros" , aunque lo que realmente frena ese oculto deseo es el riesgo de no conseguir llevar a cabo su fanático plan , su tormenta perfecta. Así que lo deja allí, con los ojos entrecerrados, lloroso y baldío, escudriñando en un último esfuerzo a su captor y buscando en su hipocampo el interruptor "on" que ponga en marcha su avatar de Cerbero.
Tal vez ( piensa él) el desenlace se alargue más de lo deseado, y ahora la mejor opción sea dejarlo a la interperie a merced de las alimañas. -Pobre Lélape (se dijo entonando una insiDiosa mueca que emulaba una sonrisa) , ya no es lo que era...