De la flor se sacude en un instante
un pájaro abierto en el estío,
una ráfaga de alas, un suspiro,
la cartografía solemne del que parte.
Son audaces los demonios que se evitan
tan solo con abrirse la corola.
Emigrar con el polen a otro canto,
contenerte en la palabra que te nombra.
Existe una postal jamás leída
en la estafeta de un camino inexistente.
De la flor se expele la duda solitaria,
una nocturnidad jamás sabida.
Son relojes los pistilos que se funden
en el tiempo sin un tiempo de partida,
erecciones perfectas de tormenta,
de rayos que traspasan los torrentes,
de sol que cauteriza las ausencias.
De la flor se renombra el cauce vivo
de una mañana que antes fue noche ,
surge cualquier estación,
cualquier vacío, cualquier eterno fulgor,
y una espina que se clava en la columna ...
.



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