Descubro en el álamo la figura del átomo,
irrigando sencillas partituras de domingo.
Sin estridencias.
Sencillos.
Cómo un diálogo que fluye ante un café
entre dos almas de mirada esbelta que
equilibran el ritmo del protón .
Sólo hay raíces que se abrazan,
sólo fisión,
sólo un lobo eléctrico recorriendo las venas.
La inconstante molécula del beso.
La marea.
El nervio en las ramas.
La primavera.


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