nos recorre la inmundicia del ser humano,
su saliva de volcán negra como la soledad del soldado,
no hace falta hundir las manos en las cuencas de barro.
Y después de gritar lamidas a la noche
me propongo (después de vomitar)
amar el nuevo día
Y cantar cuatro versos:
Allá en la confusión de tu periplo
cementerio de manos invisibles
las alas de mis ojos que son libres
se retornan de pájaro a ser libro.
Y cantar cuatro versos:
Allá en la confusión de tu periplo
cementerio de manos invisibles
las alas de mis ojos que son libres
se retornan de pájaro a ser libro.


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