domingo

Cu



La bestia se desviste...
me profana los ojos
me muerde los pezones 
que son inversas llaves 
a cualquier cerradura 
capaz de abrir los cirros 
que duermen en la orilla.
Hay un lejano eco 
en esa caracola 
que se adhiere a mi oído 
cantándome su soledad 
tan llena de murmullos 
ajenos a su sombra. 
Me obro indefinidamente 
abierta a los caprichos 
de su alborotado clamor .
Paraíso de cobre 
que me cubre de estaño 
cuándo reparo absorta 
en su mano infinita. 
Ahora viajo sin pasos, 
sin calor de equipaje. 
Mis pies son los molinos 
que ruedan sobre el cosmos 
adherido en el pecho.
A lo lejos ... 
una gaviota pinta los labios de un jilguero.


(fragmento : Tabla Periódica )



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