¿Y que decir del roce?
El roce llega primero...
Tímido, aparentemente involuntario,
con el tic nervioso de un parpadeo que
aventura el cosquilleo de las yemas de
los dedos al imantar la erizada dermis del
oponente aliado, y llenar de electrones la
alfombra de sentidos que aun queda por
recorrer.

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