Los timbres de la tierra auguran ritmos meteoros
y aún, un agudo trueno viste de petricor
las aceras, los charcos , el espíritu hueco que el
invierno me trajo.
Este caudal profundo que invade la memoria
escucha tiernamente el canto de la sangre que
antecede al cortejo, que la luna, a lo lejos depósito
en mi nido.
Quisiera ser flamenco, faisán o mariposa, ser
capullo de rosa rendida al frenesí,
caer abruptamente en las garras del lobo,
desoír la tormenta , borrar el cielo gris,
abrazarme a mí fuego,
provocar el deshielo ,
hacer que un aire tibio sacuda mi jardín .
Matorral de deseo henchido de colores ,
guarida de cigarras.
Ser primavera, al fin...
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